En redes sociales se viralizó recientemente un reel del empresario Andrés Bilbao sobre las frases que un trabajador “nunca” debería decirle a su jefe. Más allá de estar o no de acuerdo con sus afirmaciones, el debate revela algo mucho más profundo: la transformación de las relaciones laborales modernas, la percepción de las nuevas generaciones sobre el trabajo, el liderazgo empresarial, la seguridad psicológica y el propósito profesional.
Desde mi voz como coach profesional y directiva, quiero referirme a este reel y a los comentarios que ha recibido, porque me ha dado mucho que pensar y quiero ubicarme en un espectro más amplio, más allá de estar o no de acuerdo. Ese contexto es: cómo surge la experiencia laboral, cómo nacen los propósitos profesionales, cómo se mejora continuamente en el trabajo y cómo se genera valor alrededor de una empresa.
Es importante dejar a un lado, para estos efectos, la narrativa de las relaciones entre el empleador y el trabajador como enteramente transaccionales y económicas, y comprenderlas también como constructivas y acreditadoras del perfil profesional, así como un estímulo a la vocación profesional, a la imaginación, al emprendimiento del propio trabajador y al encuentro con el elemento de cada profesional.
¿Qué es el elemento?
Es eso que nos gusta, nos apasiona y que eventualmente podemos convertir en nuestro propósito profesional y, tal vez, vital. Te recomiendo, para saber más sobre esto, el libro El elemento de Ken Robinson. A partir de esta idea, no hay experiencia ni mala ni buena; hay experiencias que, si las sabemos comprender y vivir, nos llevan a nuestro elemento.
La relación laboral moderna ya no puede construirse únicamente desde subordinación, sino también desde propósito, aprendizaje y seguridad psicológica. Ese es, quizás, uno de los grandes desafíos de esta generación empresarial y laboral.
Andrés Bilbao, sin lugar a dudas, es un empresario y emprendedor exitoso. En sus cuentas y perfiles encarna al emprendedor desenvuelto, informal, que quiere enseñar a las nuevas generaciones sobre emprendimiento y las habilidades que este requiere. En general, me parece que se ha convertido en un personaje inspiracional en Colombia, porque representa cómo alguien normal puede crear un producto para el mundo y, además, transmite cercanía.
No obstante lo anterior, me parece que, tal vez más por la rapidez del formato en redes sociales y por los sacrificios en la calidad de la información que ese formato impone, cae en absolutos respecto a la vida profesional y empresarial, los cuales considero que no existen ni en los negocios ni en muchas cosas de la vida.
Sin embargo, respeto sus opiniones porque es un actor del sistema del cual se puede aprender, estando de acuerdo con él o simplemente no estándolo. Cumple el fin de hacernos pensar a quienes no hemos renunciado a ello. Por eso les ruego a los profesionales y emprendedores que escuchen, piensen e intenten desactivar sus sesgos.
En el reel, Andrés enumeró las tres frases que NUNCA un profesional le debe decir a su jefe:
- “No me avisaste eso”.
- “Esa no es mi función”.
- “No fue culpa mía”.
Más allá del análisis de las frases que defiende Andrés con su criterio, y frente a lo cual compartiré mi posición, me ha impresionado el nivel de los comentarios de sus seguidores:
“Eso es validar el acoso”.
“El acoso laboral es exactamente lo que dices”.
“No hay que ser arrodillado”.
Y así, por cientos.
La reacción social frente a este tipo de discursos también revela algo importante: muchas personas ya no perciben la empresa únicamente como un lugar de crecimiento, sino también como un espacio potencial de desgaste, abuso o reemplazabilidad. Esa pérdida de confianza en las organizaciones es una realidad que las empresas modernas necesitan comprender.
Frente a esto, te voy a decir qué pienso.
Primero, disiento del “NUNCA”. Es un absoluto, tanto como “SIEMPRE”. La realidad es que las cosas no son tan reducibles al NUNCA o al SIEMPRE; es más benéfico estimular el criterio, el análisis y la habilidad comunicativa. El contexto podría ser: cuándo y cómo decir estas frases y cuándo y cómo no.
Porque el problema del trabajo contemporáneo no es únicamente económico; también es emocional, cultural y comunicativo.
Frase n.º 1: “No me avisaste eso”
Es cierto que hoy en las organizaciones la jerarquía está menos establecida; es más fluida, intencionalmente o no, pero existe. Reclamar por la comunicación imperfecta del jefe —yo prefiero la expresión responsable de equipo— ya sea por nueva información o por no suministrar información completa, puede manifestarse dependiendo del escenario y del tono.
El equipo no está al servicio de una función individual; está al servicio de un propósito colectivo. Un ejercicio de yuxtaposición —ponerte en la posición del otro— respecto a la experiencia de tu jefe podría ayudarte a comprender por qué no lo hizo, sin que se sienta ofensivo o como un ataque.
¿Son cosas que ocurren? Sí.
¿Con qué frecuencia?
¿En qué condiciones?
¿Cómo perjudican?
¿Cómo podrían mejorarse?
Si dices la frase después de analizar esto, con buen tono y buscando mejorar la comunicación, podrías decirlo. Si es una excusa o un reclamo, creo que no sería constructivo para nadie; aumentaría la predisposición a la mala comunicación y a una mala relación. Finalmente, pudo tratarse de algo que desconoces, que probablemente se salió del control de todos o de un punto ciego del proceso o del lenguaje.
¿Puedes decirlo? Sí. Cuando identifiques para qué lo dices y cómo mejoraría el ambiente o el proceso.
Por último, te pido que reflexiones: ¿sabes cuántas veces un jefe deja de decirte cosas que deberías haber hecho o dicho y no hiciste? Te aseguro que muchas. Ponte el ojo autocrítico y considéralo: somos humanos trabajando juntos, independientemente de la jerarquía.
Frase n.º 2: “Esa no es mi función”
Aquí tengo mucho que decir. Las relaciones laborales, día a día, y sobre todo frente al reto de los profesionales actuales de mantenerse valiosos y aportantes, so pena de ser reemplazados, deben orientarse al aporte y no únicamente a la función.
Así las cosas, eso que no es tu función puede llegar a ser no solo tu función, sino tu ascenso e incluso tu propósito. Puede enseñarte, gustarte, permitirte innovar y aportar valor desde una perspectiva distinta. Puede ser incluso tu emprendimiento o la oportunidad de ser visto.
Esto te lo digo por experiencia: cada vez que un jefe me pedía algo que no me “correspondía” o no era mi “función”, aprendía, rompía una barrera, me hacía notar, ganaba consideración y también nacía curiosidad por ello. Empezaba a hacer parte de mis capacidades, de mi formación y de mis habilidades.
La flexibilidad profesional puede convertirse en crecimiento y expansión de capacidades; aun así, también necesita límites sanos para no derivar en desgaste o abuso organizacional.
Entonces, ¿lo puedes decir? Sí, pero mi consejo es que primero lo experimentes sin sesgo, busques el aprendizaje y, si genera demasiado peso, no digas simplemente que no lo vas a hacer. Sostén una conversación sobre cómo reorganizar tus funciones desde lo positivo, desde el propósito del equipo, del proceso y de la empresa, no desde el reclamo. Así lograrás más.
Y no, no siempre es “acoso” o “esclavitud laboral”. No niego que exista, pero no exactamente en el contexto que Andrés expuso.
Sé consciente de que las necesidades de las empresas son cambiantes, pues la empresa vive en un contexto complejo, incierto y volátil. Tu talento debe ser tan flexible que te permita aportar valor dentro de ese panorama. Así no solo crecerá tu perfil, sino que desarrollarás mayores capacidades y habilidades.
¿Te imaginas pasar toda la vida con el mismo cargo o función? ¿Cómo escalarías? ¿Cómo te harías notar? ¿Cómo aprenderías algo nuevo?
Frase n.º 3: “No fue culpa mía”
¿Qué te diré? Esta es difícil de regular. La culpa es un sentimiento poderoso; desde donde la miremos, nos genera vergüenza el error, y eso está muy en el fondo de nuestras creencias sobre el fracaso y la perfección.
Siempre habrá espacio para aclarar nuestra RESPONSABILIDAD sobre los sucesos, también desde un tono y una comunicación positiva y, sobre todo, propositiva, enfocada en generar lecciones aprendidas, no desde la defensa frente a un ataque, que por experiencia te digo muchas veces no sabemos si es real.
Esta aclaración de responsabilidad necesita un momento calmo de análisis; no puede ser una reacción frente a un problema no resuelto en un momento crítico del equipo, del proceso o de la empresa.
Revisar responsabilidades es necesario de manera posterior a la crisis y con el único propósito de aprender, no repetir y generar memoria organizacional para mejorar.
Del lado de la empresa, frente a estas perspectivas y creencias de los trabajadores, y sobre todo de las nuevas generaciones del talento, no queda sino generar un ambiente de seguridad psicológica donde la comunicación y la expresión se den sin retaliación y con máxima confianza, para que las perspectivas fluyan con respeto y siempre con propósito de mejora. Eso depende de la organización y del líder.
Porque las relaciones laborales modernas ya no pueden construirse desde absolutos, sino desde criterio, comunicación, propósito y responsabilidad compartida.
Entonces, no es NUNCA decir estas frases; es aprender CÓMO decirlas.
Por Natalia Name








