La transición energética no elimina impactos, los transforma
He recibido una invitación honrosa, participar del panel del Congreso Nacional de Transición Energética Justa y Adaptación al Cambio Climático desarrollado en Barranquilla, participando en la discusión de los impactos ambientales y disposición de residuos en proyectos de energías renovables. Esto me ha hecho pensar no solo como estructuradora de proyectos energéticos desde el cumplimiento regulatorio, el modelo de negocio, la modalidad contractual y la ejecución en el tiempo, sino también desde un tema que me apasiona y creo que lo es todo en esta etapa de la humanidad: la economía circular. Entonces te comparto mi postura.
Nada humano es neutro; respirar genera un impacto y no podemos evitar hacerlo. Así que no debe ser sorprendente que la transición energética, aun con todas sus bondades desde la perspectiva de la reducción de gases de carbono y su efecto sobre el calentamiento global, tenga también impactos negativos que debemos identificar, gestionar y mitigar.
Esto es importante establecerlo, porque los impactos ambientales negativos de la transición energética no son un detractor; por el contrario, motivan la gestión de una transición energética sostenible para continuar con los avances y políticas en torno a ella. Son un llamado a la gestión de estos impactos a través de lo que yo siento son tres ejes:
1) El ecodiseño de materiales, dispositivos e infraestructura,
2) La economía circular (reparar, reutilizar, reacondicionar, remanufacturar, reciclar)
3) La determinación de responsabilidades extendidas específicas y viabilización del modelo de negocio.
¿Cuál es el contexto regulatorio de Colombia para atender la transición energética, desde el punto de vista del impacto ambiental en estos tres pilares?
Colombia cuenta con un marco técnico sólido para la generación, transmisión y distribución de energía, basado en reglamentos como el RETIE y el RETILAP expedidos por el Ministerio de Minas y Energía, así como en la regulación técnica de la CREG, y la planificación de ejecución de proyectos por parte de la UPME. Sin embargo, este marco se ha concentrado en garantizar seguridad, calidad y eficiencia, sin incorporar aún criterios de ecodiseño, economía circular o gestión de materiales, lo que evidencia una oportunidad clave para la evolución de la regulación técnica en el contexto de la transición energética.
Actualmente no existe una integración —o al menos una coordinación suficiente— entre la política ambiental, la política energética, la política agrícola y el ordenamiento territorial. Esto resulta aún más relevante si se tiene en cuenta que la generación de energía ha sido declarada como actividad de utilidad pública, interés social y conveniencia nacional, lo cual resalta su primacía en aspectos como el ordenamiento territorial, el urbanismo, la planificación ambiental, las servidumbres y el fomento económico. Sin embargo, ello no implica que esta actividad deba desarrollarse de espaldas a su impacto ambiental, sino que debe integrarlo en sus propias políticas y regulaciones.
Por su parte, el Ministerio de Ambiente, la ANLA, las Corporaciones Autónomas Regionales y las autoridades ambientales municipales, cada una dentro de su marco de competencias, han avanzado en la definición de políticas de economía circular y en la regulación técnica de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), incluyendo recientemente aquellos derivados de la transición energética. Asimismo, se ha fortalecido la exigencia y verificación del cumplimiento de los sistemas de gestión y integral estos residuos, mientras que las autoridades municipales continúan otorgando licencias para la operación de plantas de gestion integral de residuos.
Podríamos decir que hay una dispersión también sobre la gestión de residuos no RAEE, residuos industriales o materiales complejos, a los que se le aplican regulaciones como la del RESPEL (residuos peligrosos).
Estas estructuras, con su misionalidad, competencias y jurisdicciones, tienen en sus manos no solo hacer realidad la transición energética, sino también desarrollarla de manera sostenible, reduciendo, gestionando y compensando sus impactos desde el diseño, el uso, la clasificación de materiales, hasta la gestión de los RAEE. Para ello, cuentan con dos aliados clave: la tecnología y la economía circular.
Así las cosas, el propósito ya no será únicamente la transición energética, sino una transición energética sostenible. Para lograrlo, se requiere una evaluación de la reducción de emisiones de carbono que tenga en cuenta el ciclo de vida completo de los proyectos, incluyendo sus materiales, y no solo comparativas de su operación frente a otras tecnologías de generación convencionales para Colombia o el mundo. Esto implica migrar de métricas de eficiencia operativa a métricas de impacto integral basadas en el ciclo de vida de los proyectos.
Identificar en cada proyecto su impacto, la causa, el problema y alternativas de gestión tecnológicas, técnicas, de diseño y el ciclo de economía circular. Ese es el papel que deben tener las políticas integradas del Ministerio de Minas y del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible: una rectificación, ratificación y evaluación permanente de las políticas que permitan una transición sostenible.
Transición energética: era material extractiva vs era consciente
La era material extractiva en el mundo se caracterizó por la extracción de recursos, la producción masiva y el consumo lineal, es decir: extraer, producir, desechar. La energía predominante para ello provenía de combustibles fósiles, y hoy tanto circunstancias ambientales como geopolíticas nos obligan a replantear la dependencia y conveniencia de este ciclo.
Una era consciente en el mundo migra hacia la optimización, la eficiencia, la circularidad y la integración, y para ello necesitamos energía renovable, distribuida y gestionada inteligentemente. El consumo de energía desde una lógica de suficiencia, regeneración y equilibrio.
Impacto ambiental de proyectos fotovoltaicos
Los proyectos fotovoltaicos son los de mayor proyección en la transición energética, en parte por su facilidad de implementación y por el apoyo que han tenido de fondos de financiación internacionales, definitivamente desde el punto de vista de la reducción de emisiones de CO₂ en su operación, por su bajo impacto acústico, por la alternativa económica que representa para llevar energía a áreas desconectadas.
Sin embargo, tienen impactos ambientales significativos desde la mirada del ciclo de vida integral, desde los materiales y la cadena de suministros hasta la disposición final. Los proyectos fotovoltaicos incrementan la demanda de silicio, aluminio, plata y, si incluimos baterías, muchos más minerales y demás químicos en su proceso de fabricación; igualmente, tienen un impacto sobre el suelo, no solo desde el desplazamiento de su uso, sino desde la degradación del mismo y el impacto en el microclima.
Pero la enorme preocupación, además, es la disposición final de los residuos; esta tecnología de generación actualmente tiene una vida útil de 20-25 años y una eficiencia que bordea el 24%. Estas dos estadísticas hablan de grandes extensiones de suelo y gran número de paneles que en el tiempo representan un volumen preocupante de residuos. La necesidad extractivista para su fabricación, el volumen de residuo generado y el uso del suelo es el área de trabajo que tiene la tecnología, la economía circular, acompañada de una regulación integradora, para producir una transición energética consciente desde el uso de esta tecnología.
Impacto ambiental de proyectos eólicos
Los proyectos eólicos generan en su operación energía limpia a gran escala, pero en su ciclo de vida total —materiales, operación y disposición final— generan un gran impacto ambiental.
Hay un uso intensivo de acero, hormigón y tierras raras (elementos químicos como neodimio, disprosio, terbio, etc.). Y las palas son fabricadas con materiales compuestos de fibra y carbono, difíciles de reciclar, pues no son biodegradables y tienen una vida útil de 20 a 25 años.
Además, más que cualquier otra tecnología, aunque es compatible con el suelo agrícola, genera modificación del paisaje y afectación de rutas de aves.
Baterías en la transición energética
Las baterías necesarias para la gestión de la intermitencia en proyectos solares y eólicos, y claves para la movilidad eléctrica, representan un gran impacto ambiental, pues en su ciclo de vida requieren de la extracción de minerales críticos como el litio, el cobalto y el níquel; también un gran impacto hídrico, problemática minera y una gran huella de carbono en la fabricación.
Alternativas para mitigar el impacto ambiental
La tecnología, el ecodiseño y la economía circular son las alternativas para la transición energética sostenible y la mitigación del impacto ambiental de la transición energética.
¿Qué se está haciendo?
Rediseño – Recuperación
Los fabricantes trabajan en diseños con desmontaje fácil y menos compactos o adhesivos, para que la separación de los elementos sea más posible. También en reducir el uso de materiales críticos, por ejemplo, plata y cobalto.
Igualmente, los procesos de recuperación de los elementos al final de la vida útil, este último aspecto apoyado por la responsabilidad extendida del productor.
Minería urbana
La economía circular como aliada en la gestión de residuos por parte de actores del mercado está especializándose en refinar procesos mecánicos, térmicos y químicos para recuperar el vidrio, el aluminio, la plata y el silicio de los paneles solares.
Lo mismo ocurre a través de procesos hidrometalúrgicos y pirometalúrgicos para recuperar el litio, el níquel y el cobalto.
Proceso de reciclaje
Residuos industriales complejos de la transición, como las palas de los sistemas eólicos, por ejemplo, son objeto de trituración y coprocesamiento en cemento y desarrollo de resinas.
Segunda vida
Es la reutilización de un equipo o componente después de que deja de servir para su uso original, pero aún tiene capacidad funcional para otro uso menos exigente. Tiene un uso previsto más que todo para las baterías. Mantiene el valor del producto y prolonga su utilidad, así sea distinta, y retrasa el reciclaje.
En paneles solares, por ejemplo, se dejan de utilizar en grandes plantas, pero se utilizan para proyectos rurales.
Problema y oportunidad en América Latina
América Latina no cuenta aún con la capacidad industrial, tecnológica ni logística suficiente para gestionar a gran escala y máximo aprovechamiento los residuos de la transición energética.
Las pocas plantas existentes en la mayoría son de almacenaje y el tratamiento es de residuos generales o con procedimientos físicos de separación de materiales, sin reciclaje de silicio o plata. Existen muy pocas plantas especializadas en la región para ello; las existentes recuperan vidrio, aluminio y algo de cobre a través de procesos mecánicos.
Pero esta es toda una oportunidad, porque América Latina representa un gran consumo no solo de RAEE derivados de la transición energética, sino de otros sectores que hacen atractivo el sector de la “minería urbana”.
¿Quiénes están trabajando en ello?
Veolia
En el mundo, Veolia es el líder porque no solo recolecta los residuos, sino que los transforma en materias primas secundarias.
Con los paneles solares logra separar el vidrio, el aluminio, el silicio, la plata y el cobre para integrarlos a la industria manufacturera.
Con las baterías utilizan la hidrometalurgia para extraer los metales críticos como el litio, el cobalto y el níquel, y se los entregan nuevamente a los fabricantes de baterías, y de esta manera se reduce la minería extractiva.
Incursiona en proyectos de biomasa y biogás, capturando el metano de los vertederos y las plantas de aguas residuales, que a través de concesiones y contratos municipales opera.
Transforma residuos en pellets de alto poder para ponerlos a disposición de cementeras y plantas.
Es decir, que Veolia, en cada una de sus acciones de economía circular, no solo recicla, está posicionando el valor de los residuos reciclados y transformándolos en materia prima aprovechable.
Umicore: Reciclaje de baterías
Umicore se dedica a recuperar, refinar y reutilizar metales valiosos provenientes de residuos industriales y tecnológicos, cerrando el ciclo de materiales.
Recicla baterías de vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento, recuperando cobalto, níquel, litio y cobre a través de pirometalurgia e hidrometalurgia.
Colombia
En Colombia, el mercado de economía circular aplicada a residuos de la transición energética no está concentrado en un solo tipo de actor, sino que se mueve a través de varias categorías de empresas nacionales: recicladores, gestores de RAEE, operadores de residuos peligrosos (RESPEL) y algunos desarrolladores energéticos.
Regulación RAEE y RESPEL
No existe una regulación sobre residuos de la transición energética, pero lo cierto es que, por las características, por ejemplo, de los paneles, baterías e inversores, clasifican en grupos de la clasificación de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), definidos en la Resolución 0851 de 2022 proferida por el Ministerio de Medio Ambiente. Esta resolución toma en cuenta los criterios de economía circular, sí, pero su columna central es la Responsabilidad Extendida del Productor, a quien le establece las obligaciones de diseñar e implementar, financiar la gestión de residuos, entre otras. Igualmente, la gestión de residuos peligrosos (RESPEL) está dada en el Decreto 4741 de 2005.
Lo cierto es que la transición energética sostenible requiere que, desde la planificación del proyecto, se establezcan los planes de desmontaje de infraestructura y gestión de los residuos RAEE, RESPEL y residuos industriales o complejos, y residuos de construcción. Pero no existe una resolución o directiva exclusiva de cómo deben manejarse la disposición de los residuos de la transición, sino que, a partir de la caracterización de los residuos, se le debe dar un tratamiento. Es así como entonces el plan de recolección y gestión debe ser contratado a una empresa que no solo le otorgue el certificado de disposición final de residuos al productor, importador o comercializador, según el caso, sino que desde el inicio establezca el cómo y los costos de la disposición final, so pena de generar pasivos ambientales y sanciones.
Modelo de negocio a prueba
El modelo de negocio de los diferentes proyectos de transición energética es aún sensible a los precios de las implementaciones, dependiente de los incentivos tributarios y del comportamiento de las tarifas comparativas. Cada proyecto merece un análisis particular y estudio de los cargos fijos para establecer su viabilidad y retorno de la inversión. Igualmente, es sensible a los riesgos regulatorios y sociales. Esto ocurre igualmente con respecto de la gestión del eventual pasivo ambiental que generan los mismos.
Para un proyecto de transición, el estudio del impacto ambiental, la ejecución del Plan de Manejo Ambiental y la consecuente gestión y manejo integral de residuos hace parte de su CAPEX. Por lo tanto, tener previstos desde el principio sus costos, pero también su potencial de economía circular a través de reparar, reutilizar, reacondicionar, remanufacturar y reciclar es fundamental, porque al final puede significar que pueda recuperar o capitalizar algo de ese activo en el que invirtió, alargar su vida útil o disfrutar de la valorización de los activos energéticos que lo componen.
La coyuntura evidencia la necesidad de avance en Latinoamérica y Colombia de que empresas dedicadas a la economía circular inviertan en el mayor aprovechamiento de los residuos generados por estos proyectos para que estos se conviertan en activos de valor energético y coadyuven al final a que el costo de los proyectos sea menor, pero que ademas se genere una industria de economía circular en proyectos energéticos, tal y como la que en este momento crece en porcentajes del 8% al 10% anual alrededor del mundo.
Los problemas generan oportunidad; la transición energética hace parte de la solución de un problema y, claro está, genera un impacto ambiental/pasivo ambiental que es un problema, pero en la búsqueda de la solución surgen círculos virtuosos, y la economía circular cumple ese papel: desarrollarse como un sector sólido, con avances tecnológicos que no solo determinen la solución del impacto de la transición energética, sino que se convierta a sí misma en gestora de prevención del impacto ambiental desde el inicio de la cadena de suministro.
Para ello, desde el Ministerio de Medio Ambiente, junto con el Ministerio de Industria y Comercio y el Ministerio de Minas y Energía, se esperaría un apoyo a este sector, porque cumpliría una triple misionalidad de las políticas públicas.
Mi mensaje es, la transición energetica sostenible depende de la circularidad del consumo de materiales y productos, pero la circularidad necesita incentivos reales y un apoyo a esta industria en Colombia y LATAM.
Por Natalia Name R










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